Fotografiando mi Chile
Descubriendo a la naturaleza
Está comenzando el 2022 y ya son 9 años haciendo fotos, sigo con ganas de seguir aprendiendo, conociendo y descubriendo este mundo, que, gracias a la fotografía también comencé a conocer la naturaleza.
Antes del 2013, cuando comencé un taller semestral, mi acercamiento con la naturaleza era mínimo, no conocía lugares, especies ni realidades al respecto; tampoco sabía de fotografía (solo recordaba a mi viejo, siempre con una cámara en la mano) y empezar en esta nueva aventura me dio mucho entusiasmo por conocer y saber más, el que hasta el día de hoy no se ha apagado, al contrario, mientras más conozco estas tierras, más ganas tengo de seguir.
Hoy pienso porque pasaron 40 años de mi vida sin antes haber conocido todo esto, no lo lamento, porque fui mamá y de eso estoy muy feliz, pero siento que, si en el colegio o nuestros padres en casa les enseñaran a los niños desde pequeños a conocer y a valorar todas las riquezas naturales de nuestro país, la historia de algunos hubiera sido distinta. ​​​​​​​
El primer viaje que hice en Chile en modo fotográfico fue a San Pedro de Atacama en el 2015 y en esos días con mi equipo Pentax. La primera, segunda y todas las impresiones que tuve fueron de alegría, asombro y felicidad. La inmensidad de los paisajes, la cantidad de biodiversidad a pesar de lo difícil del clima, conocer a grandes personas, como a mi gran amiga Tatiana que sigue siendo mi compañera de viajes y fotografía hasta el día de hoy, y en realidad todo, fue genial… bueno excepto que se me cayó la cámara con el lente 300 fijo de Pentax y dejo de funcionar… menos mal fue el último día (y ese no es el único accidente en todos estos años, ya les contaré más).

Poder estar tranquila contemplando los lugares que visitamos, como el valle de la luna, los volcanes, lagunas en el desierto y encontrarnos con aves y fauna que yo nunca había visto, ni conocía: como el cometocino del norte, la vizcacha, guanacos, un zorro! Todo para mí era nuevo… y maravilloso.

Mi siguiente destino fue Torres del Paine… ya desde la ventana del avión comencé a alucinar. Verlas por primera vez, cuando solo las conoces en revistas o fotografías de otras personas es increíble. Lo primero que hice obviamente, fue sacar fotos, bien malas por lo de más, pero ahí estábamos nuevamente, disfrutando de la 8va maravilla del mundo.  Al día siguiente de nuestra llegada, madrugamos para esperar el amanecer en un mirador… fue una locura. No se cuantos colores tuvimos en lo que duró la salida del sol, morados, rojos, amarillos, naranjas, verdes, azules, la verdad impresionante.
Fue en este viaje donde ocurrió mi segundo accidente: fotografía al rio Paine con las torres detrás, cámara mal instalada al trípode y solo recuerdo ver mi Pentax rebotar en una roca y caer al rio… hasta el día de hoy recuerdo la pena que sentí. Fue muy triste, pero sentí el apoyo de todos mis compañeros de viaje y afortunadamente, me salvó mi profesor y guía Jean Paul de la Harpe, quien me prestó una cámara para poder continuar fotografiando en el viaje.
A pesar del accidente, lo que siguió en la expedición, continuó siendo maravilloso: pingüinos en Tierra del Fuego, cruzar el Estrecho de Magallanes, flamencos, otro cometocino, reflejos y más Torres… si existen lugares a los que volvería siempre, Magallanes es uno de ellos, porque aún me queda mucho por conocer en este pedazo de la Patagonia que amo.
Otro de mis lugares favoritos y al que volvería siempre es a la caleta Chañaral de Aceituno, mi primera vez ahí fue a fines del 2016 y he vuelto casi todos los años, excepto durante el año de la pandemia. Aquí el paisaje es diferente, estar cerca del mar es mi cable a tierra, embarcarme en un bote para navegar debe ser de las cosas que mas me gusta hacer y si a eso le sumamos avistamiento de ballenas y avifauna marina, el resultado es mi panorama perfecto, además acá nunca he tenido un accidente con mi equipo 
Y si de encuentros inolvidables, no puedo dejar de recordar mis encuentros con huemules en la Reserva Nacional Cerro Castillo, en Aysén. Mis amigas se ríen de mí porque de la emoción siempre lloro cuando los veo y no logro enfocar nada, pero lo importante al final es que el recuerdo nunca se borra. Estos son animales tan vulnerables y en constante peligro, que tener la suerte de encontrarlos es un privilegio que siempre debo agradecer, aunque la foto no se logre.
Afortunadamente los viajes han seguido, los accidentes también (volví a tener uno con mi actual equipo Sony) y en los caminos recorridos he sumado amig@s, las experiencias se acumulan y las fotografías también. Sin embargo, sigo encontrando basura en cada lugar, las áreas protegidas están en constante amenaza de incendios, presión inmobiliaria o económica y las noticias de los últimos días de este año no son alentadoras, solo espero que las nueva generaciones logren el equilibrio y todos los seres vivientes de este planeta sean respetados, yo seguiré en este camino de conocer y compartir las experiencias que vivo al recorrer Chile y con eso espero tratar de que muchas personas puedan comprender y apreciar lo lindo que tenemos y que debemos cuidarlo, lo siento como mi granito de arena.
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